martes, 27 de julio de 2010

El mito de Ariadna

El Minotauro era una terrible criatura con cuerpo de humano y cabeza de toro que comía carne humana. Había sido fruto de una relación entre Pasífae, esposa del rey Minos, y un toro blanco que Zeus entregó al monarca para que se lo ofreciera a Poseidón como regalo. Pero el rey, impresionado por el morlaco, desidió quedárselo. Los dioses lógicamente, se enfadaron y castigaron a Minos alentando a su esposa para que se enamorara del animal. La mujer quedó tan prendada de él que le pidió al arquitecto Dédalo que construyera una vaca de madera donde introducirse para seducir a la bestia. La consecuencia de dicha artimaña fue el Minotauro.
El rey, al ver lo sanguinario que era el monstruo, le hizo otro encargo a Dédalo: construir un laberinto donde encerrarlo.

El heredero de Minos, Androgeno, murió en unos juegos celebrados en Atenas. El rey impuso un duro castigo a los atenienses, a pesar de que no tubieron ninguna culpa en el óbito: cada año deberían enviarse al laberinto a siete jóvenes y a siete doncellas como sacrificio. Las víctimas vagaban perdidas durante días hasta encontrarse con la bestia, sirviéndole entonces como alimento. Con el fin de acabar con esta macabra práctica, el héroe Teseo, hijo del rey ateniense Egeo, se ofreció personalmente como ofrenda para matar al Minotauro.

Cuando Teseo llegó a Creta, Ariadna, hija legitima de Minos y Pasífae, se enamoró de él. La bella princesa ayudo al bravo Teseo en su empresa dándole una espada mágica y un ovillo de hilo que estaba hilando para que pudiera hallar el camino de regreso tras matar al Minotauro, la dama además de inteligente y bella era intrépida y decidió acompañarlo.

Ariadna se quedó en el exterior mientras Teseo entraba en el laberinto sujetando cada uno un extremo del hilo. Gracias a esto, el héroe pudo encontrar la salida después de rematar su proeza con la espada prodigiosa.

En el viaje de regreso, según la tradición más común, el muy desagradecido Teseo abandono a Ariadna, dormida, en la isla de Naxos, aprovechando una escala del barco. Ahí la encontró el Dios Dionisio y la hizo su esposa, regalandole como presente nupcial una corona de oro. Los finales de la historia varían según el lugar.

JAJAJA

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