viernes, 30 de diciembre de 2011

Discurso de fin de año.


Con frecuencia nos miramos a través del espejo, nos observamos meticulosamente dando cuenta de cada cambio que se presenta, algunos de nosotros con el tiempo nos volvemos más grandes, algunos más fuertes, más sabios, inclusive más inmaduros pero todos sin excepción envejecemos, esto hace evidente nuestra singular presencia en este mundo, en este "aquí y ahora" en el que vivimos y en el que sin duda cada uno de nosotros habrá dejado una huella.

  Durante nuestra vida formamos metas, metas que nos sirven como boyas en el mar, metas que engrandecen, metas que creamos en base a nuestros ideales, a las condiciones y en base a lo que esperamos de la vida y del tiempo, lo que esperamos de los demás y lo que esperamos por su puesto de nosotros mismos, metas basadas en la esperanza, "La esperanza es el sueño del hombre despierto", y ¿qué es el hombre sin una meta?, un hombre vencido diría yo.

 También encontramos a otras personas, con quienes queremos (ó debemos) convivir, ellas, es decir las personas, que también tienen metas las cuales afectamos y tal vez inconscientemente, comparten parte de lo que son, en ellas encontramos cariño, costumbres, alegrías y triunfos, desprecios,  desilusiones, ayuda, nos hacen daño y nosotros  correspondemos dañándoles, nos acostumbramos a tales y olvidamos lo importantes que han sido para nosotros, algunas de ellas van y vuelven, algunas otras se van pero no vuelven, finalmente todas ellas son parte de nosotros y de nuestra vida, las mantenemos en nosotros y ellas nos corresponden, son parte de nuestras circunstancias, de nuestro tiempo, de nuestro "aquí y ahora".

 En este año que termina es preciso recapitular cada una de nuestras metas y cada impulso que nos lleva a soñarlas, cada intuición y cada convicción presente, así mismo cada error y cada caída, las cortadas y cicatrices, es necesario refrescar nuestras metas, las cumplidas y las que se aproximan, es tiempo de pensar que el tiempo avanza sin pausa, tiempo de recordar ese viejo amor, de pedir disculpas a los demás pero también a  nosotros mismos, de perdonar y escuchar, de mirar sin juzgar y también de juzgarnos, echar un vistazo hacia atrás y reprender a quien lo merece pero también abrazarle, de recordarle cuan importante es para nosotros que este ahí, ya que finalmente sin esas personas no seríamos lo que ahora ya somos.

En este año que se va y cada uno de los que se han ido  hemos aprendido cosas nuevas; a dar las gracias, a respetarnos, a buscar las sonrisas a pesar de las desgracias, a besar, a lanzar un balón, a dejar ir y a recibir, a decir adiós, a manejar, a dar caridad, a buscar vídeos en YouTube, a hacer nuevos amigos y a no olvidar a los viejos amigos, a dar abrazos gratis, a viajar y a disfrutar del hogar, a pedir perdón, a viajar en autobús,  a soportar el dolor y las despedidas, a TENER esperanza, a creer en Dios o a creerle a Dios.

En este año que se va hay muchas cosas que vivimos y que desearíamos repetir, desgraciadamente no es posible, y por ellos me complace honrar con un recuerdo al inolvidable 2011.



Feliz fin del mundo.