lunes, 5 de octubre de 2015

Para decir adiós.

A ti y a mi se nos hacía tarde para el tren de la vida. El último juntos y después yo y tú con rumbos tan distintos y tan desconocidos. 
Algunas veces no distingo el color de las cosas, dicen que es normal, estaba tan acostumbrado a verlas los dos. 
No debemos confundirnos. Éramos las personas idóneas en el tiempo y la situación equivocada. A veces el destino juega bromas así de crueles. 
Aún no soy optimista, me cuesta  si quiera pensar en pasar con alguien mas todo lo que ya habíamos vivido, sé que se gana experiencia, pero también perdí juventud y paciencia que aunque uno no lo quiera así, escasean con el fluir del tiempo. 
No quiero pronunciar que te extraño, si lo hago el eco retumbaría en cada ojo que te admiró en detalle, cada oído que ahora sabe cómo es tu voz, cada dedo que conoce cada pliegue de tu piel, formándose una avalancha tan grande que podría derrumbar esa muralla inmensa de silencio e indiferencia que mi voluntad y el tiempo me han orillado a construir. 
Es más por inteligencia que por cobardía. Es más por amor que por odio. Es porque lejos estamos mejor. Es porque nuestros caminos ya eran distintos antes de conocernos y, aunque lo sabíamos, lo ignoramos. Ahora la fuerza del destino es quien los reclama.
Solo quiero decir, y en verdad lo quiero decir, que deseo que todo te salga bien. La vida es tan corta como para caer más veces con la misma piedra. No ignores esas chispas que alertan la consciencia cuando esta por venir un incendio de conformismo, de odio e indiferencia. 
Solo vive y deja vivir. 

domingo, 21 de junio de 2015

Mi obsesión.

Mi obsesión está más allá de lo común. Mi obsesión es por las personas pero no todas las personas, solo un tipo, las personas "locas" y a las que parece no importarles lo que a muchos importa de sobre manera. Esa obsesión es mi pasión más profunda.
Mi obsesión es superficial, sigue a la belleza simple como el pintor a los atardeceres, es superficial porque conoce lo intrínseco de la belleza, porque ha estado lejos de ella y de manera egoísta no quiere estar nunca más sin ella. Mi obsesión no entiende que ello sea efímero pero no es porque sea su elección ni su culpa sino porque proviene de lo más primitivo de mi ser.
Ella al igual que yo ha cambiado y se ha mejorado, ahora, después de nacer como un lobo hambriento en busca de la tibia sangre de alguna criatura, sabe gobernarse con todos los sentidos, de manera pues que ambos sabemos apreciar también aquello que no posee una belleza aparente, es decir, eso que se lleva bajo la piel, no como la edad o el carácter que son prácticamente visibles, es algo más profundo y más bello, algo que no es atractivo y que en ocasiones podría alejar a cualquiera como si tuviera colmillos o espinas.
Es esa belleza como la raíz de un árbol la que más me obsesiona, porque tan sólo ella, la persona que la posee, sabe, como el árbol, lo que hay detrás de ella, la historia que la hace fuerte, que la nutre y le da vida. Y nadie nunca entenderá lo que el árbol y ella tienen por dentro, aunque a ambos los cortaran, les sacaran el corazón y las viseras, husmearan por su cerebro o se vistieran con su piel jamás lo sabrían, porque tan solo esa persona que sabe de su belleza en contraste con todas la demás personas sabe que es única e irrepetible en esta existencia en la que tan sólo somos un segundo en el gran reloj de la vida. Y esas personas, las que me obsesionan tienen pasión por vivir, lo hacen con la misma pasión que un jaguar o una pantera cazan a su presa porque ellos saben que jamás volverá esa oportunidad y son uno con el universo, con su Dios, con el tiempo que tienen.