De pie, trémulo, frente a la inexorable realidad de asesinar a sangre fría nuestra historia.
Cargo con el peso de la los años que serían nuestros de no ser por esta situación que nos embiste,
que nos deja vulnerables a la gente, al tiempo y a la suerte.
Esta zozobra maldita, que se mete por los huesos y derrumba sin piedad la firmeza de mis decisiones,
y yo aquí, frente a este paredón que tiene por ladrillos la incertidumbre y el miedo de no verte más entre mis brazos, de cruzar sin demora el tiempo de mi existencia, dándome cuenta, cerca del final, que eras tú a quien debía amar, sin prejuicios, con la fuerza que trae consigo entender la fragilidad de la vida y el amor frente a tiempo y el destino.
Ahora ando sin rumbo fijo, abrazado a lo único que persevera al pasar miles de segundos, tu recuerdo, como un amuleto de la suerte, con el mismo valor que el ser humano da al papel de los billetes, haciendo de una situación un recurso, enfrentándote en mi memoria a cada idea, cada posible elección, soportando la locura de la abstinencia, la desesperación de no buscar y la nostalgia, resignándome a no ser más esclavo de tus pasiones y, a que tú vuelvas a estar en el juego del amor de dos, en otro futuro, que seas para alguien más lo más importante.
Ahora solo veo soltarse las ataduras que mantenían a flote la navegación de nuestra viaje juntos, desaparecer los muebles del hogar que albergaba el sueño de nuestro futuro, escucho como se alejan tus pasos por un corredor largo, hacia el no regreso, con el eco que retumba en la conciencia, con la suntuosa imagen de tu belleza, que envejece y toma un color sepia, pronunciando mil veces un adiós, para entenderlo y aceptarlo,, porque así es la vida